EL CLÁSICO CINÉFILO
 
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Escrito por Eduardo Del Valle   
Domingo, 06 de Junio de 2010 00:37

 

LOS ROSTROS DE JAMES BOND
Segunda Parte
Por: Eduardo Del Valle

 

Amigos lectores de Cineen, este mes continuamos con el análisis dedicado a los actores que han vestido el smoking del espía más famoso del celuloide. Disfruten este artículo escrito solo para sus ojos.

 

 

UN BOND REBELDE

Tras el anuncio realizado por Roger Moore durante el estreno de En la mira de los asesinos (1985), en el que dejaba claro que no volvería a interpretar el personaje que lo consagró como uno de los héroes de acción más populares, la incertidumbre se apoderó de los fanáticos quienes no veían un candidato idóneo para remplazarlo.

Fue entonces que Metro Goldwyn Mayer desvió la mirada hacia un actor irlandés de nombre Pierce Brosnan quien gracias a una serie de televisión en los Estados Unidos comenzaba a gozar de gran popularidad.

Los compromisos laborales impidieron a Brosnan apropiarse del papel y Albert Broccoli productor ejecutivo recordó que en 1969, un actor con formación teatral se presentó a una audición para ocupar el espacio que Sean Connery dejaba vacante. Sin embargo, a los 25 años, Timothy Dalton resultaba muy joven para dicha responsabilidad. Casi dos décadas después, el destino lo pondría al servicio secreto de su majestad.

La elección no era muy convincente. Dalton era prácticamente un desconocido. Siendo honestos, nadie lo recordaba como el príncipe Barin en Flash Gordon (1980) y mucho menos como el rey de Francia en El león en invierno (1968). Acostumbrado a la disciplina impuesta por el teatro clásico, el nativo de Gales leyó todos los libros de Ian Fleming, a fin de parecerse lo más posible al personaje literario.

En 007 Su nombre es peligro (1987), la actuación del debutante dio como resultado un James Bond frío y calculador más parecido a Connery en las primeras entregas de la franquicia, que a Moore en las últimas. La actitud un tanto enfadada de Dalton desde la secuencia inicial en donde pronuncia con desgano la conocida frase “My name is bond…”, es reprobada por algunos fanáticos. Sin embargo, la trama permite entrever una evolución en el personaje, un tipo cansado de obedecer órdenes, que cuestiona la autoridad de M y que confiesa por primera vez que si lo retiraran del servicio secreto le harían un favor. En ese afán por imprimir realismo, se omite un elemento imprescindible de la exitosa fórmula, James Bond es ante todo un seductor y su magnetismo sexual es un símbolo del poderío británico. Timothy Dalton, de aspecto atractivo a secas, no convence en ese rubro, ni siquiera se esfuerza demasiado por hacerlo – bueno, una insípida Myriam D´Abo tampoco representa una gran motivación – y contrario a sus predecesores, quienes aprovechaban cualquier lugar y ocasión para poner en práctica su maestría en las artes amorosas, Dalton apenas da un par de inocentes besos a la chica en la rueda de la fortuna. Dato curioso, no hay chica bond mala. Con un agente tan poco fogoso ¿Para qué?

007 Su nombre es peligro, fue la última aventura ubicada en el contexto de la Guerra Fría. Las relaciones entre los estadounidenses y los soviéticos eran cada vez más estrechas, situación que se vio reflejada en la pantalla especificando que los villanos son desertores de la KGB. Al final tan amigos como siempre (o mejor dicho, como nunca). Los enemigos que los defensores del imperialismo pro yanqui combatieron por años pasaron a formar parte del bando de los “buenos”. El mundo estaba cambiando y la siguiente película nos depararía una sorpresa.

Licencia para matar (1989) significó un parte aguas, el espía renuncia y planea una venganza implacable al estilo de Yojimbo (1961) en contra de una banda de narcotraficantes. Timothy Dalton se ve más cómodo que en su primera aparición y aunque es cierto que la historia permite momentos más graciosos, ninguno de ellos es propiciado por él como sucedía en el caso de Roger Moore.

Su amor por los escenarios de teatro provoca que decida no filmar una tercera cinta.

 

MI NOMBRE ES BROSNAN; PIERCE BROSNAN

La primera opción que tuvo en mente Albert Brocolli para suplir a Roger Moore fue el actor irlandés Pierce Brosnan. Cassandra Harris, esposa de la futura estrella de cine, lo impulsó en primera instancia a aceptar un programa de televisión en los Estados Unidos llamado Remington Steele. La serie fue un éxito que dio al actor fama internacional y lo señaló como sucesor ideal del agente 007. Brosnan era bien parecido, sofisticado y tenía el sentido del humor británico que requería el papel. De nuevo fue Cassandra antes de morir, quien insistió que no perdiera esa oportunidad. Por desgracia, con un pie en los estudios Pinewood y aceptado por una cantidad considerable de fanáticos que ya lo imaginaban bajo las ordenes de M16, el intento se vio frustrado cuando la cadena NBC exigió que cumpliera un contrato previamente firmado.

La muerte de su esposa, víctima del cáncer llevó a Pierce Brosnan a tener episodios depresivos. En 1994, la renuncia de Timothy Dalton significó una segunda oportunidad. El último deseo de Cassandra se vería cumplido.

Pierce Brosnan devolvió la frescura al personaje, atrás quedaron las rabietas e inconformidades del 007 interpretado por Timothy Dalton. En Goldeneye (1995), James Bond reitera que está dispuesto a dar su vida por el imperio británico haciendo a un lado los rencores vistos en los dos filmes anteriores.

Con Brosnan retornaron los comentarios graciosos cargados de doble sentido. Las escenas amorosas literalmente se duplicaron, reapareció la disyuntiva de elegir entre chica buena o chica mala, obviamente el héroe no entra en dilemas y termina por compartir alcoba con ambas. Los trajes sastre corte inglés y las corbatas de seda regresaron como sello inconfundible de ese caballero que no pierde la elegancia ni siquiera en la antesala de la muerte. Brosnan reunía galanura, simpatía y el carisma necesarios para encarnar a la perfección al 007.

Esta etapa se caracterizó por anunciar en cada película un sinfín de marcas comerciales. Autos deportivos, bebidas alcohólicas, relojes, tarjetas de crédito y muchos otros productos que veían favorecidas sus ventas gracias a la imagen del protagonista.

A Goldeneye siguieron El mañana nunca muere (1997), El mundo no basta (1999) y Otro día para morir (2002), éxitos de taquilla que como novedad presentaron a unas chicas Bond aguerridas y autosuficientes, cualidades que las convertían en una versión femenina del héroe.

Judi Dench, única actriz que ha interpretado a M, alto mando al que 007 reporta el resultado de sus misiones, no dudó en comentar que Brosnan de 51 años continuaría portando licencia para matar por quinta vez. Sin embargo, Barbara Broccoli , hija del productor Albert Broccoli tenía otros planes.

 

EL FIN DE UNA ERA

Diferentes rumores se suscitaron con respecto a la “jubilación” de Pierce Brosnan. El que hizo eco más fuerte fue el que afirmaba que el actor irlandés no había llegado a un acuerdo económico con los productores debido a sus altas pretensiones. Brosnan argumentaba que merecía un aumento de sueldo al haber obtenido el estudio más de mil millones de dólares en taquilla gracias a las cuatro películas que protagonizó.

Como ya se había convertido en una costumbre, fanáticos y críticos comenzaron a especular quién podría encarnar al 007 después de la acertada interpretación de Brosnan. Clive Owen, Hugh Jackman, Gerard Butler, Orlando Bloom e incluso Daniel Raddclife (Sí, nada menos que Harry Potter) fueron algunos de los nombres que se barajearon, lo cierto es que ninguno se perfilaba como un candidato real.

En 2005, Daniel Craig fue anunciado como el nuevo James Bond. Martin Campbell encargado de dirigir la cinta número 21 titulada Casino Royal elogió al actor de 37 años asegurando que tenía una extraordinaria capacidad actoral para interpretar a un agente más contemporáneo.

Barbara Broccoli y Michael Wilson, herederos del legado Broccoli, se empeñaron en acabar con la fórmula que por más de treinta años conquistó legiones de admiradores alrededor del mundo. Para Wilson era importante contar la historia desde el principio y con un realismo nunca antes visto. Según su opinión, era necesario prescindir de la mayoría de las características que identificaban plenamente al personaje con su público como eran la partitura de John Barry, la secuencia inicial conocida como la “mini-aventura” y las armas secretas.

Los fervientes admiradores, aquellos que habían hecho de Bond parte de su vida, los que esperaban con ansias el estreno de sus aventuras y se quedaban en la sala para ver después de los créditos finales el título de la próxima película, no vieron con buenos ojos la elección de Craig. El mal encarado rubio, de ojos azules e impresionante musculatura, estaba muy lejos del estereotipo de belleza masculina impuesta por Sean Connery desde El satánico Dr. No (1962).

El disgusto provocó que se abrieran sitios en la red caricaturizando al otrora actor de Layer Cake (2004) y Camino a la perdición (2002), pidiendo se boicoteara el estreno de Casino Royal (2006). Mientras tanto, Daniel Craig sólo pedía que se le concediera el privilegio de la duda, a la par que hacía declaraciones que en vez de beneficiarlo terminaban por perjudicarlo. Como la ocasión en que dijo que no le llamaban la atención las películas del espía que iba a interpretar y que solo recordaba una de ellas la cual vio cuando era muy pequeño.

La controversia no fue impedimento para que Casino Royal tras su estreno se convirtiera en el título más taquillero de la franquicia. Situación que quisieron aprovechar los productores para intentar convencer al mundo de que estábamos equivocados (me incluyo). Insistían en que Craig era el mejor 007 de todos los tiempos por encima de Connery, cumpliendo con creces las expectativas generadas desde su designación. Pero atención, el hecho de que millones de personas pagaran un boleto no significaba que automáticamente el ojiazul se ganara la simpatía de sus detractores, ni tampoco que muchos de ellos salieran decepcionados al ver la metamorfosis sufrida por su ídolo.

Craig es quizá, el actor que en forma más fiel ha representado al agente con licencia para matar, algo que solo podrían confirmar quienes hayan leído la bibliografía del británico Ian Fleming, tema en el que reconozco, no soy docto. Pero como admirador de los filmes del 007, los cuales veo una y otra vez me atrevo a decir que el Bond cinematográfico tiene más seguidores que el literario. Por lo que el drástico cambio me sigue pareciendo ilógico. En Casino Royal, James es un agente que acaba de obtener la categoría de doble cero al matar a un hombre a sangre fría. De actitud ruda, elegancia forzada y nula sofisticación, el 007 abandonó el status de héroe único en su género para transformarse en una especie de Jason Bourne inglés, algo que a muchos espectadores jóvenes o no familiarizados con las películas anteriores, pareció incluso agradarles.

Casino Royal y su “secuela”, Quantum of solace (1989) no son malas en su planteamiento, ambas cuentan con un buen reparto y escenas espectaculares dignas de una super producción. Su único, pero gran defecto, es que ninguna es en verdad una película de James Bond.

Hasta la fecha se ha pospuesto en más de una ocasión la filmación de lo que sería la tercera parte del Bond más oscuro de todos los tiempos. Algunos medios atribuyen el retraso a los problemas financieros que aquejan a la Metro Goldwyn Mayer, mientras que otros rumoran un posible deseo de Craig por desvincularse del proyecto.

Días antes del cierre de ésta edición de Cineen, fue publicada una noticia, en la cual se presume la bisexualidad del rubio actor ¿Será contraproducente para la ya de por sí alicaída franquicia? o ¿Se trata de un ardid publicitario para levantarla?

Mientras llega la respuesta, disfruten las emocionantes aventuras de su Bond favorito. Después de todo, solo se vive dos veces.

 

Mi blog: http://elimperiodelcachubi.blogspot.com

 

 

 
 




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