
DURO DE MATAR I Por: Eduardo Del Valle
 A principios de los años ochenta dos héroes de acción cuyo mayor merito no era precisamente su talento histriónico sino su impresionante musculatura, acaparaban la atención del público y el estreno de cada una de sus cintas se perfilaba para ser un éxito taquillero a nivel mundial. No es difícil adivinar a quien me refiero. Por supuesto, ellos son Sylvester Stallone que con los personajes de Rocky y Rambo, se ganó el corazón hasta del más pacifista y anti-bélico; y el ahora gobernador californiano Arnold Schwarzenneger, quien interpretando a Terminator aparece en las listas de los mejores villanos y al mismo tiempo mejores héroes en la historia del séptimo arte. Aunque surgieron otros exponentes del género, lo cierto es que la mayoría de ellos gozaron de una fama efímera. Hicieron una o dos cintas que aun son recordadas por sus seguidores incondicionales y luego se repitieron así mismos una y otra vez hasta llegar a tocar fondo. Hasta que en 1988 haría su aparición en el celuloide el detective John McClane interpretado por el actor televisivo Bruce Willis, quien en Luz de Luna había conseguido opacar a su co-protagonista la rubia actriz Cybill Shepard. 
Dirigida por John McTiernan y basada en la novela “Nada es para siempre” escrita por Roderick Thorp, Duro de matar fue la cinta que elevó a Bruce Willis a la categoría de estrella. El ahora reconocido actor había sido nominado a un premio Emmy por su actuación en el programa ya mencionado, sin embargo en México y otros países de Latinoamérica no era reconocido del todo. 
McTiernan ya había demostrado su capacidad dirigiendo una cinta protagonizada por el gobernator, me refiero a la ya clásica Depredador. A la espera de su marido, la ejecutiva Holly Genaro (Bonnie Bedelia) festeja las fiestas de navidad en la gigantesca torre sede de la compañía Nakatomi. El detective John McClane quien ha viajado hasta la ciudad de Los Angeles para reencontrarse con ella, limar asperezas y salvar su matrimonio no se imagina que no sólo se encontrará con el poco interés de Holly y los celos infundados por un ejecutivo que la acosa. Minutos después de una breve introducción en que se nos pone al tanto lo importante que es dicha compañía para su dueño, así como su relación marital para McClane, la acción inicia cuando Hans Gluber, líder de un grupo terrorista invade la torre Nakatomi y toma como rehenes a sus trabajadores. Gluber es el villano interpretado por un Alan Rickman, no tan sobreactuado como en Robin Hood príncipe de los ladrones pero lejos de su interpretación de Severus Snape en la saga de Harry Potter. 
John McClane descamisado y descalzo, debido al consejo recibido en los primeros minutos de la cinta en que alguien le comenta que es la mejor forma de ponerse cómodo (¡oh! ¡Craso error!) pondrá en jaque a los maleantes contando con un revólver, su ingenio y la ayuda de un chofer de limusina, su único contacto con el exterior. 
Como verán no se trata de encontrar el hilo negro, la trama no va más allá de la clásica historia “policía solitario que derrota a malos extranjeros en medio de una lluvia de plomo y algunas peleas”. Aún así Duro de Matar vino a dar al género cierta frescura, de inicio ya no tendríamos que aguantar los discursos patrióticos de Stallone, ni sus gritos agónicos. En vez de eso, en John McClane encontramos una especie de cowboy moderno, un tipo que a diferencia de Arnold tiene un catálogo de expresiones más extenso. El espectador agradece a McClane cada vez que envía al otro mundo a un terrorista, sufre a la par que ríe cuando se saca los trozos de vidrio de los pies ensangrentados, o cuando sus ocurrencias provocan las rabietas de Gruber. 
Por cierto, cabe mencionar que Duro de Matar estaba planeada para ser la secuela de Comando, aquélla aventura en que Swarzenneger rescataba a su hija. Para nuestra fortuna, el actor austriaco se negó a filmarla. Duro de matar impondría la moda de cintas de acción sobre secuestros, fórmula que repetirían con alguna variante otras estrellas. Steven Seagal en Alerta Máxima y su secuela, es el encargado de liberar un barco y un tren respectivamente. En Muerte súbita, Van Damme intenta salvar a la multitud asistente a un partido de hockey y Wesley Snipes en Pasajero 57 hace lo propio en un avión. Cintas que no tuvieron mala recepción en taquilla pero invariablemente no gozan de la gran aceptación de la producción que hoy es motivo de este análisis. 
Duro de Matar se convirtió en el espectáculo cinematográfico de la temporada recaudando 130 millones de dólares en todo el mundo, una cantidad aún más extraordinaria considerando que marcaba el debut de Willis como protagonista en una película de acción. Era hora de que Sly y Arnie retomaran el camino de las grandes producciones sino querían quedarse atrás. Más tarde los tres personajes se reunirían pero no en la gran pantalla sino como socios de una cadena restaurantera, cosas de la vida. 
Bueno, pues ha llegado el fin de año, lo que significa que esté será el último artículo de esta columna – me refiero en el año 2009- que su servidor con muchas ganas y entusiasmo prepara mes con mes para ustedes, esperando que sea de su agrado. El clásico cinéfilo les desea que tengan felices fiestas pero sobre todo salud, amor y ese ingrediente especial que como bien diría Humphrey Bogart es el material del que están hechos los sueños. Mis mejores deseos para ustedes, hoy, mañana y siempre. Feliz Navidad y prospero año nuevo. Mi blog: http://elimperiodelcachubi.blogspot.com |