
KARATE KID Por: Eduardo Del Valle
 Eran los tiempos en que las cintas aún podían calificarse como “familiares”. Películas que podíamos ver al lado de nuestros padres cuando éramos niños sin la incomodidad que en ocasiones provoca observar una cinta llena de bromas escatológicas, escenas sexuales de mal gusto y un lenguaje soez que haría palidecer a cualquier estrella del cine de ficheras. Las películas dirigidas en especial al público adolescente constituían un divertimento que no recurría a la violencia gratuita. Incluso podría decir que contenían una inocencia elevada, un lenguaje moralista pero aceptable y un final complaciente y predecible que los espectadores lejos de cuestionar, agradecíamos volviendo una y otra vez a las salas cinematográficas. 
Karate Kid estrenada en 1984, es el clásico que hoy recuerdo. Aquella cinta fue un éxito de taquilla que quedó en la memoria colectiva de quienes vivimos nuestra niñez y juventud en la década de los ochentas. Cierto es que el arte marcial al que se hace referencia en el título es sólo el pretexto para contar una historia de amor y amistad. Si son fanáticos de Bruce Lee u otras estrellas de acción similares y esperan ver en Karate kid escenas como aquellas que los cautivaron en Operación Dragón, francamente quedaran decepcionados. Daniel Larusso, un joven escuálido – con el que más de uno nos identificamos- se muda con su madre a California. El exceso de trabajo de ella impide que pasen juntos el tiempo que Daniel quisiera. Es así que el chico proveniente de New Jersey decide adaptarse a las condiciones de vida de las playas californianas en donde conoce a Ali, ex –novia de Johnny, líder de una pandilla que desde ese momento se encargará de hacerle ver su suerte. Los minutos siguientes seremos testigos de las supuestas escenas enternecedoras que muestran los intentos de Daniel para acercarse a la chica sin que la pandilla de Johnny - estudiantes de una escuela de karate - le rompa los huesos. Las bromas de Larusso para conquistar a Ali, los diálogos que se establecen entre la pareja y los leves coqueteos, vistos 25 años después de filmada pueden parecer ingenuos y hasta ridículos. Recalco que eran otros tiempos. 
Ya a estas alturas el público ama al protagonista y sufre con cada tunda que le propinan los villanos pero falta lo mejor. Aparece en escena el señor Miyagi, un anciano de pequeña estatura y aspecto simpático que por inverosímil que parezca defiende al chico de sus agresores cual si fuera en palabras del propio Daniel, “el hombre araña”. Daniel cansado de los abusos de Johnny pide a Miyagi que le enseñe el arte del karate. El oriental acepta no sin antes aclarar al joven (y por supuesto al público) que sólo debe aplicarlo para defenderse. Para evitar que Daniel sea lastimado por enésima vez, Miyagi hace un pacto con Kreese, instructor de los cobra para que el muchacho sea respetado y de paso propone que se enfrente a sus estudiantes en condiciones iguales en un torneo de Karate. 
Es entonces que a través de un dudoso método que incluye lavar autos y pintar vallas, Miyagi le enseña lo que es la disciplina. Entre ellos nace una amistad que oscila entre el amor fraterno y el paternal, ya que por un lado Daniel no cuenta con un padre y Miyagi a causa de la guerra perdió a su familia. Continua la historia de confusiones amorosas con Ali, anécdotas cómicas y una alta dosis de sentimentalismo filmados como si de un videoclip se tratara. Las enseñanzas poco ortodoxas de Miyagi dan como resultado una técnica absurda la cual ni siquiera veremos en los combates posteriores, salvo aquella posee legendaria de la grulla. Insisto, al espectador poco parecía importarle. Llega el día en que Daniel tiene la oportunidad de vengar su honra, demostrar que con tenacidad y esfuerzo se puede conseguir lo que uno quiere y que como citaba un antiguo anuncio publicitario “ha dejado de ser un alfeñique para convertirse en un hombre de verdad”. Como pueden notar, el argumento es de una simpleza impresionante. No existen las vueltas de tuerca. El único personaje que tiene profundidad psicológica y eso ya es un decir, es Miyagi, papel por el cual Noriyuki “Pat” Morita fue nominado al premio Oscar como mejor actor de reparto. 
No es una casualidad que Karate Kid guarde similitudes con la primera entrega de Rocky, siendo que ambas fueron dirigidas por John G. Avildsen, ganador del Oscar y hábil artesano de cintas que buscan dar una lección de vida. En las dos, los protagonistas tienen ascendencia italiana, provienen de barrios bajos, encuentran en sus entrenadores la figura paterna que los impulsa a crecer y al final a pesar de los pronósticos en contra demuestran de que están hechos. Karate Kid fue protagonizada por Ralph Macchio, quien en aquellos ayeres contaba con 23 años personificando a un jovencito de 17 (común era que los adolescentes fueran interpretados por adultos), el ya citado Pat Morita y Elizabeth Shue. 
El éxito propició que se realizaran tres secuelas. Siendo la segunda parte la más afortunada. La tercera digna de olvidarse y la cuarta ya sin la participación de Ralph Macchio y con la inclusión de Hillary Swank (¿Pueden creerlo? ¡La misma Hillary Swank de Golpes del destino y Los chicos no lloran!) una historia totalmente prescindible. Ahora Columbia Pictures filma la nueva versión con las actuaciones de Jaden Smith, hijo de Will Smith, siguiendo con la moda de los héroes afroamericanos que por ¿coincidencia? pululan desde que Barak Obama se erigió presidente de los Estados Unidos. Para el papel del señor Miyagi ha sido confirmada la super estrella de artes marciales Jackie Chan y aunque se habla de que la cinta contará con un presupuesto mayor al de sus antecesoras, debo confesar que me va a ser difícil verla sin añorar la historia original que con la canción “You are the best around” a los 9 años me hizo emocionar en la butaca. 
Habrá que darle el beneficio de la duda. Mi blog: http://elimperiodelcachubi.blogspot.com |