ROBIN HOOD
 
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Escrito por Saúl Arellano Montoro   
Domingo, 16 de Mayo de 2010 21:07

 

SHERWOOD NO ES LUGAR PARA UN GLADIADOR
Por: Saúl Arellano Montoro

Tal vez haya pasado por su mente lo mismo que a mi cuando vi el afiche de la nueva película de la mancuerna Scott/Crowe ROBIN HOOD: “¿¡Qué hace Maximus en los bosques de Sherwood!?”

 

Pero una vez que comienza la película, poco a poco se va alejando esa pregunta… ¡Para dar paso a otras! Que no se si me haré más delante y sin animo de esperar respuesta porque son retóricas.

 

LA HISTORIA DE TODOS TAN CONOCIDA TIENE UN GIRO


Cómo es costumbre en las películas de Ridley Scott, los estudios históricos son bastante acertados y bien adaptados a los personajes en cuestión. En esta nueva versión del mito Robin Hood, el guionista Brian Helgeland – conocido por sus guiones de Mystic River (2003), Cirque du Freak (2009) y Green Zone (2010) entre otras - decidió irse por el camino de la precuela; es decir, por los supuestos orígenes del arquero con lo que la libertad narrativa de darle un pasado es tan amplia como las leyendas que se cuentan del habitante de los bosques de Sherwood.

 

Si bien es cierto que de lo poco que se conocía de Robin Hood era justamente que había combatido en el ejército de Ricardo Corazón de León en las cruzadas y a su regreso de camino a Inglaterra aprovechar para darle unos cuantos dolores de cabeza al Rey Felipe al querer tomar unos cuantos castillos en tierra francesa. Lo que Scott y Helgeland se tomaron de libertad fue lo que paso justo al momento en que Robin se siente decepcionado por la actitud del Rey Ricardo y decide escapar del sitio para regresar por sus propios medios a Inglaterra. Esto lo involucra en una serie de situaciones fuera de su control que acabaran poniéndolo al frente de la casa Loxley al suplantar al hijo de Sir Walter Loxley y por ende, al marido de Lady Marion. En este momento, la película se transforma en un remedo de El Regreso de Martin Guerre (1982) en la que cambiamos a Gérard Depardieu por el Sr. Crowe.

 

Pero ¿Por qué ponernos exigentes? Estamos ante una precuela – todo se vale - y además, dudo mucho que un 60% de los asistentes a la película conozca o al menos se acuerde de la película de Martin Guerre; así que…

Al pasar esto, Robin defiende ahora no sólo sus intereses sino los de Sir Loxley que, al pertenecer al condado de Nottingham con todo y su famoso Sheriff, está en el centro de la desgarrante - ¿Existe otra? - recaudación fiscal para llenar las arcas del palacio. Lo mismo sucede con otros condados que poco a poco se irán sublevando en contra del Rey Juan y abriendo la puerta a los invasores franceses que ante una guerra civil pues les viene de perlas eso de “A río revuelto…”.

 

¿Ven para donde voy? Repito, es una PRECUELA y como tal van acomodándose las piezas para que la película termine en donde han empezado todas las demás que se han hecho de Robin Hood desde 1922 con Douglas Fairbanks, pasando por el alegre Erroll Flyn en 1938 hasta el anodino Kevin Coster de 1991 sin olvidar al animado zorro de la versión de 1973 de Disney.

 

Este fue el camino que decidió tomar Ridley Scott para no ser una película más del arquero de mallones verdes y desde luego, evitar las comparaciones. Lo mismo hizo Richard Lester en 1976 al poner a Sean Connery y Audrey Hepburn como Robin y Marion a más de 20 años  de sus conocidas aventuras.

Ahora si, tenemos ya el pasado, el presente y el futuro de Robin Hood gracias al cine.

 


LA HISTORIA SIRVE PARA NO REPETIR ERRORES


Una vez que la película Gladiador demostró que se pueden reproducir ambientes y monumentos históricos en su momento de esplendor, el siguiente paso ya no resultó tan complicado pero si igual de asombroso.

Ver la majestuosa Torre de Londres cuando se elevaba imponente sobre una serie de puestos improvisados de comida y demás mercancías además de casuchas mal construidas a la ribera de un rió Támesis que se abre paso entre los bosques – ahora una boyante y siempre magnífica ciudad de Londres -  y desde luego unos bosques de Sherwood como debieron ser en aquel siglo es la especialidad “generada por computadora” de Ridley Scott. Con lo que el asunto de la ambientación queda más que satisfactoriamente resuelto.

Con lo que, el director se dedicara con más atención a hacer lo segundo que mejor sabe hacer… Cuidar a su estrella Russell Crowe.

 

Volvamos hacia atrás en el tiempo – y a lo escrito – y recordemos que la leyenda cuenta que Robin Hood fue uno de los tantos soldados que acompañaron a Ricardo Corazón de León en su cruzada y de regreso. También cuenta que fue uno de los más acertados arqueros. Si tomamos en cuenta esto, el hecho de que Crowe se vea “muy grande” para su papel es justificado ya que, estar en batallas por 10 años seguidos envejecen al más fresco de los soldados y da credibilidad a un personaje que siempre se ha manejado como un adulto joven y en muchas ocasiones un joven a secas como lo recordamos de la mística serie de TV Robin de Sherwood de 1984.

 

Lo mismo sucede con la imagen que, por muy románticos y aferrados al pasado queramos ser, se eliminó por completo esta necedad de poner al forajido en mallones verdes y el inamovible sombrero de picos a la usanza de Douglas Fairbanks y Errol Flyn. Un vestuario mas adecuado a la época y a los tiempos es el que presenta Scott.

 

Por otro lado, el director cuido mucho a Russell Crowe ya que en todas las secuencias del actor siempre procuro tenerlo en las mejores poses adaptándole la cámara en todas las situaciones que el personaje requería. Es así que tanto en las escenas en las que actúa con dos o tres actores como en las escenas épicas en las que el heroísmo de Robin sobresale durante la cruenta batalla, Russell Crowe siempre sobresaldrá por encima de sus compañeros de reparto o de los miles de extras que aparecen en la película.

 

LA HISTORIA TAMBIÉN NOS RECUERDA A LOS ALEGRES FORAJIDOS DEL BOSQUE Y SUS NO MENOS RETOZONES ENEMIGOS


Y ya que hablamos de los actores que aparecen junto a Crowe, debo decir que no tienen la oportunidad de sobresalir salvo Max Von Sydow - ¿Alguien lo dudaría? -  y Mark Strong en el papel del villano Godfrey.

Ni Cate Blanchett – a mi parecer, un error de selección para Lady Marion – que lo único que hace es refritearse con ciertas libertades su personaje tan bien representado de Elizabeth (1998 y 2007) ni William Hurt como el consejero del Rey William Marshal o Mark Addy como el bonachón fraile Tuck. Cosa que los personajes secundarios no les afecta y desempeñan bien sus respectivos personajes, algunos de importancia en la historia – como Will Scarlett, el Pequeño Juan o el mismo Ricardo Corazón de León - y otros como complemento.

 

Tema aparte se llevan los eternos villanos de la leyenda: El príncipe Juan I y el mismísimo Sheriff de Nottingham. La responsabilidad recayó en dos actores con papeles más o menos importantes en su trayectoria; Oscar Isaac como el príncipe Juan y Matthew Macfadyen como el Sheriff.

En el primer caso, el príncipe Juan es un ser resentido y frívolo cuya vida se ha visto siempre opacada por sus hermanos mayores; especialmente por la del favorito de la Reina Madre, Ricardo. Esto da como resultado, al morir Corazón de León, a un Juan I cuya motivación para gobernar no es sino la venganza que le otorga la borrachera del poder.

Y aun cuando mi representación favorita del personaje es la del león Juan de la versión animada de Disney – en gran parte por el extraordinario trabajo de doblaje del no menos extraordinario Carlos Riquelme – debo reconocer que Oscar Isaac da una buena interpretación y que adapta a su persona los diferentes matices del personaje. En la historia de todos conocida, el príncipe Juan I es secundario como el villano ya que la responsabilidad de la maldad recae en el sheriff de Nottingham por lo que es evidente que en esta película debemos conocer los motivos que orillan a Juan a decretar como un bandolero y prófugo de la ley a Robin Hood.

 

Matthew Macfadyen – que la última vez que lo vimos fue como John Birt, el productor de David Frost en la película Frost/Nixon (2008) – por su parte, hace del Sheriff de Nottingham un personaje egoísta, que se adapta a las circunstancias y humorista involuntario. Cabe recordar nuevamente que esta película es una PRECUELA por lo que el personaje del sheriff no esta desarrollado al 100% como estamos acostumbrados en todas las versiones que hemos visto. Sin embargo, no deja de ser agradable los pocos momentos de interpretación de Macfadyen.

 

LA HISTORIA EN RESUMEN


El Robin Hood de Ridley Scott tiene todos los elementos que deben llevar las películas de corte épico: Batallas espectaculares, momentos de introspección del personaje principal al recordar su misión, los camaradas que dan el respiro ligero a la historia, las tomas rebuscadas en donde el héroe hace movimientos de batalla sorprendentes y desde luego, el infaltable discurso motivacional acompañado de una banda sonora igualmente épica y majestuosa.

 

Pese a todo lo anterior descrito, Scott se olvida en mostrar el ya consabido Viaje del Héroe ejemplificado por Joe Campbell en el libro El Héroe de las Mil Caras, pero entendemos que eso no es lo sustancial en la línea argumental sino el origen del mito del arquero.

Una película que si bien no llega a lo sorprendente – como lo fue Gladiador en su momento – si cumple con todos los requisitos para ser una película sumamente divertida; históricamente (en la medida de lo posible al tratarse de una leyenda) fundamentada, respetuosa del mito, bien escrita y hecha de la mejor forma que se puede hacer una película: Completa e inteligentemente entretenida.

 

Y como dije párrafos atrás: Gracias a esta película podemos decir que ya tenemos toda la vida de Robin Hood en pantalla y siendo el tipo de personaje que es, siempre es un placer meterse en los bosques de Sherwood y esperar ser interceptados por Robin y sus alegres hombres.

 

FIN

 

 

 
 




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