OJO CÍNICO
 
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Escrito por Miriam "La Sirena de Alcantarilla" Canales   
Lunes, 10 de Mayo de 2010 17:21

 

 

EN LOS TIEMPOS DE EMOCIONARSE CON ANTELACIÓN
Por: Miriam "La Sirena de Alcantarilla" Canales

 

No fui miembro de la “generación COTSA”.

Recuerdo muy vagamente esas emblemáticas matinée que ofrecían dos o tres películas en el programa; en mi mente se pierde el sabor de las peculiares golosinas de la dulcería y pocas veces estuve en esos enormes y antiguos cines donde merodeaban los ratones por las butacas antes de la llegada de las asépticas y carísimas salas multiplex, con preponderante oferta cinematográfica gringa pertenecientes a grandes cadenas.

 

No señor, a mis veintitantos años me perdí quizá de la mejor parte del cine en la que el espectador pagaba su boleto y tenía todas las garantías de apreciar una película cual debe ser: en una gran pantalla, sin sonido “Dolby Digital” o “THX”, pero percibiendo una atmósfera “de a de veras”, en vez de estar en un sillón acompañado de un DVD pirata comprado en algún puesto callejero de baja estofa. Ese es el cine que ya no existe, como dijera Peter Greenaway en su última visita a México.

No se trata de nostalgia romántica ni de condenar el presente tecnológico, sino de rememorar algunas situaciones cuya esencia se ha transformado y hasta perdido, muy al estilo “Cinema Paradiso” o “Splendor”, en especial para las generaciones nacidas en los años 80.

 

Al menos para mí, asistir al cine por esos ayeres infantiles era una ocasión especial, tan especial que ameritaba emocionarse con antelación. En mi etapa de infancia conocí en mi natal Torreón, Coahuila muy poco esas grandes salas, hoy extintas, en las que vi películas que de igual modo permanecen en los recovecos de la memoria y de las que desconozco si algún día serán lanzadas en BluRay. Por ejemplo, “Marcelino, pan y vino” es una, ahora forma parte de la barra de programación “políticamente correcta” del Canal de las Estrellas; la primera entrega de “Las tortugas Ninja” es otra y también la caricatura española de tiempos franquistas: “El mago de los sueños” con todo y “La familia Telerín” integrada.

 

En el cine “Torreón”, que se ubicaba en el centro de la ciudad y que dejó de funcionar en 1992, aún pude apreciar algunas caricaturas de Disney en 35 milímetros, cosa que el día de hoy sería prácticamente inconcebible. Escarbando en mi memoria, recuerdo como me acompañó mi tía Abigail a una de esas funciones vespertinas; un súbito apagón interrumpió la película, justo en una escena en que el Pato Donald quería hacerse el maldito con sus incautos sobrinos Hugo Paco y Luis; los desconcertados asistentes preguntaron al “cácaro” que había ocurrido, nunca se reanudó la proyección. Tuvimos que salir de ahí. Hoy, Disney vive de sus glorias pasadas y de su canal vía televisión de paga con sus engendros musicales salidos de reality show. Lástima.

 

En otro recuerdo que se pasea por mi “caja negra mental” ahí también conocí el primer “Batman” de Tim Burton lleno de escenas intensas para una niña de 5 años. Al igual que muchos, tenía la imagen del Batman azul, bonachón e inocente de Adam West y no un Michael Keaton lúgubre y atormentado por sus recuerdos.

En el poniente de Torreón, hace años existió otro cine llamado “Princesa”, construido en 1919 por Isauro Martínez, un reconocido cineasta de la localidad cuyo nombre lleva uno de los teatros más portentosos de México después de Bellas Artes y el Teatro Juárez de Guanajuato. Allí vi por primera vez las imágenes de “Peter Pan” y no regresé mas a ese lugar que fue demolido en 1991 para construir un infame estacionamiento tras una fracasada protesta masiva.

 

A inicios de los 90 llegaron a la ciudad nuevas cadenas cinematográficas más modernas y lujosas como los “Gemelos Plus”, “Multimax” y “Cinemas Geminis” (de la Organización Ramírez) que tiempo después fueron superadas por el vanguardismo de Cinépolis y que se instalaron en centros comerciales de lujo. La historia de la región daría otro paso hacia la opulencia.

Aunque mis nostalgias no sólo se avocan a mi ciudad natal. Hace unos meses tuve la oportunidad de adentrarme en el vetusto e imponente Cine Opera de la Ciudad de México, en la calle Serapio Rendón de la colonia San Rafael.

Sólo había visto su fachada que todavía alberga cierto aire de majestuosidad. Me imagino en sus años de apogeo a esas dos estatuas sobre su marquesina dando la bienvenida a los espectadores que recorrían su elegante y larga escalera hacia la dulcería, bajo la luz de un enorme candelabro. En mi vista no encontré mas que una tumba: paredes cuarteadas, cristales rotos, nidos y excremento de palomas, telarañas por doquier y fragmentos de salitre que poco a poco caen techo sobre las viejas butacas; su pantalla no es mas que un gran agujero siniestro. Nunca tuve oportunidad de conocer ese cine activo ni aun en mis visitas turísticas al Distrito Federal en la década de los 90.

 

En mis viajes por Guadalajara he encontrado otras salas cinematográficas en condiciones semejantes como el Cine Tonallán del centro de la ciudad, hoy convertido en un hotel de paso; el Cine Estudiante frente al edificio de rectoría de la UDG, que a juzgar por los carteles de “Misión imposible” y “Jóvenes brujas” que aun se exhiben en sus paredes decrépitas, fue clausurado en 1996.

 

Tal vez el cine ya no se vea como antes, dirían los conservadores, simplemente ha tomado otros caminos y vertientes más modernos, ajustándose a los modelos económicos de la época, aunque indiscutiblemente, la industria del video y el DVD lo ha desplazado y convertido en lo que conocemos ahora ¿Y qué seguirá después? Sólo el tiempo lo dirá.

 

* Imágen del Cinema la Raza tomada de la revista Universo Star Wars (Junio 2002)

**Imágenes Cine Opera tomadas del sitio www.galer-a.net/lorena_moreno/retrato.html

*** Imágen del cine Estudiante tomada del sitio www.11y24.com/2010/01/22/cines/

 

 
 




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