DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS
 
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Escrito por Saúl Arellano Montoro   
Sábado, 17 de Abril de 2010 22:39

 

DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS ES A DONDE VAN NUESTROS HIJOS
Por: Saúl Arellano Montoro

Dice la voz popular que todos somos consecuencia de nuestros padres. Que nuestra actitud ante la vida – para bien o para mal - la heredamos de lo que aprendimos en casa.

¡Rayos! Qué manera de eludir y tratar de escapar a nuestra responsabilidad como individuos.

LOS MONSTRUOS DE SENDAK JUEGAN CON JONZE
Spike Jonze, director considerado por sus fans como “culto”, da una nueva dimensión y profundidad al libro escrito e ilustrado en 1963 “Donde Viven los Monstruos” de Maurice Sendak. El libro, de no más de 15 páginas impresas, es considerado como uno de los más importantes libros para padres e hijos que trata sobre el escape de los niños a tierras donde no se sienten solos o que pueden ser libres de la siempre vigilante y - ¿Por qué no decirlo? – represiva mirada de los papas.

Jonze fue más allá de lo que Sendak presentó. Bajo la supervisión y constante asesoramiento del autor, Jonze y Dave Eggers - su guionista – amplían el mundo de Max para llevarlo tortuosa pero de forma segura, a las playas del lugar donde viven los monstruos a los que se va a enfrentar.

Las diferencias entre el libro y la película son complementarias y, a diferencia que lo que comúnmente sucede en las adaptaciones a la pantalla, DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS no aleja ni perjudica la narrativa. Por el contrario, amplia la perspectiva del fondo psicológico de cada uno de los personajes y su desempeño en cada una de las situaciones tanto en lo individual como en conjunto.

UN REY CON PIEL DE PELUCHE SUCIO
Max, el niño por el que sabemos de la existencia de este mágico lugar, es el segundo hijo de una pareja separada. La hermana está en plena efervescencia de la adolescencia y su mundo se basa en las amistades y relaciones con muchachos de la misma edad. La madre trabaja para asegurar la estabilidad económica de la familia sacrificando el tiempo dedicado al único que vive – literalmente – solo en la casa: Max.

Por lo mismo, Max vive bajo sus propias normas y por supuesto, universos. Dando rienda suelta a no solo una imaginación desbordada sino a comportamientos que se pueden considerar anti-sociales o al menos, incómodos para el resto de los adultos. Cuando Max convive con su familia, abandona esos mundos y procura compartirlos con su madre y hermana pero al no recibir respuesta a dicha invitación, la ira e incomprensión explotan en una avalancha de hiperactividad y violencia que da como resultado el escape de Max de la casa y de su propia madre hacia un mundo al que jamás había estado antes: El lugar donde viven los monstruos.

A partir de este momento, Jonze será el guía de turistas en esta extraña tierra.

 

DÉJAME MOSTRARTE TU REINO
Luego de un agitado viaje por el mar – hermosa metáfora de la transición entre la realidad y la fantasía – en el que por desgracia se eliminó el pasaje de Max enfrentándose a la serpiente marina, nuestro protagonista llega a un extraño lugar en donde descubre unos enormes y fascinantes seres. Seres que, por cierto, representan los diversos estados de ánimo y forma de enfrentar las situaciones cotidianas de Max.

En la medida que Max se relaciona con los “monstruos” – presentándose a si mismo como un poderoso Rey – vamos descubriendo las diferentes personalidades de los habitantes de la extraña tierra.

Carol, el más parecido a Max y por ende su primer amigo, es quién le muestra su reino y que convence a los demás de aceptar al nuevo rey del lugar. Poco a poco, los demás van aceptando gustosos las diversas y divertidas órdenes de Max quién sin darse cuenta, asume una postura de adulto ante el comportamiento de los monstruos.

De una manera sutil, Max va representando los vicios que como adulto tenemos con respecto a los niños. Los momentos de intolerancia así como de represión son manifestados de forma inocente en la personalidad de Max pero muy dolorosa cuando se dirige a los habitantes de su reino. De forma estridente – gracias a los exabruptos de la banda sonora – pero bella, Max enfrenta la realidad: No puede mantener por mucho tiempo su reino sin que haya un orden y sobre todo, sin dar una respuesta coherente y sincera a las constantes dudas y preocupaciones de sus nuevos amigos.

Y ya como es costumbre de Jonze, nos lleva hasta el limite psicológico al ponernos a todos – nosotros, Max y monstruos incluidos – en una situación que sale de control en la que Max deberá enfrentarse a si mismo reflejado en la personalidad del voluble y explosivo Carol.

De pronto no podemos negar más como espectadores nuestras actitudes frente a la vida que, como dije al principio, son reflejo de lo que heredamos de nuestros padres y que sin darnos cuenta, heredamos a su vez a nuestros hijos. De forma contundente abrimos los ojos y nos metemos de lleno en la vida de Max y de los monstruos; una vida de enfrentamiento en solitario – por tiempo, apatía o desinterés familiar – a sus temores, angustias y frustraciones de las que debe salir adelante como mejor puede sin ser en muchas ocasiones, del agrado de su entorno familiar que lo etiqueta como un niño rebelde o problema.



TE AMAMOS TANTO QUE TE VAMOS A COMER
Problemas que van desde la falta de comunicación hasta la respuesta agresiva a la frustración, pasando por lapsos de soledad y euforia incontrolable, son establecidos como modelos de conducta entre los monstruos pero al final, Jonze – al igual que Sendak en su libro – nos da la segunda oportunidad reflejado en el descubrimiento de los errores, tanto de Max al representar su papel de “adulto” como de los diferentes seres que recobran el sentido de sus vidas en el reino que tuvo por un día o dos un rey que fue como ellos.

Y es en este momento que Max decide retomar su vida y entender – aun cuando los adultos que ven la película entendieron el por qué de su escape – que la vida no es huir de los problemas sino enfrentarlos. Lo hizo con los monstruos y ahora es tiempo de hacerlo en casa.

Curiosamente, Jonze no cierra este capítulo de forma tan contundente y “rosa” ya que deja en el aire - y al entendimiento de los asistentes al cine - la relación no resuelta al 100% de Max con su alter ego Carol. Tal como es la vida.

Sin duda, DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS no es una película para niños. Esta es una película para los padres que olvidan ver el mundo a través de los ojos de sus hijos. Jonze nos abre la puerta al bello pero difícil territorio llamado infancia; un lugar en donde – ¡Si recordamos cuando nosotros éramos niños! – los niños se enfrentan a sus temores, angustias, retos y sobre todo a ellos mismos sin que reciban en muchas ocasiones, nuestra ayuda por apatía o desinterés.

En resumen, una película que muestra de forma poética pero contundente a donde van nuestros niños cuando les cerramos todos los caminos de comunicación y comprensión.

PARTIENDO EN UN BOTE DE CASCARA DE NUEZ
La película no es para niños; al menos no para menores de 12 años. Incluso la película puede tener dos perspectivas si se tienen hijos o una convivencia cercana con niños o bien, si sólo se es un seguidor incondicional de Spike Jonze. Las lecturas serán muy distintas pero al final, coincidirán en el mismo punto: El escape a la soledad.

En México, las 450 copias existentes para su corrida comercial vienen en su idioma original; es decir, NI UNA SOLA viene doblada al español.

Lo cual es un placer ya que podemos disfrutar sobre todo, del trabajo de doblaje de James Gandolfini – Tony Soprano para los amigos – en el papel de Carol; de Forest Whitaker como el pacifico Ira, Paul Dano como el retraído chivo Alexander y Lauren Ambrose – Claire de Six Feet Under – como la amable KW entre otros actores que dan su voz.

La música es, como siempre en las películas de Jonze, un instrumento más para redondear la historia. Aun cuando marca los momentos más explosivos con un exabrupto sonoro; la música es una sutil acompañante de los diversos momentos por los que pasa Max en sus ambos universos: El real y el de fantasía.

DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS es, por donde se le interprete, una cinta de narrativa sencilla pero con una profundidad entre líneas tan contundente que la hace una de las mejores cintas de temática infantil para adultos que se haya filmado en mucho tiempo.

 

 
 




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