
Por: Miriam Canales

Las cintas de David Lynch tienen altas dosis de suspenso exquisitamente sutil que pueden provocarme un miedo auténtico más que cualquier película de matazón y descuartizados. No he visto todas, debo confesar, pero me gustan "Lost Highway", "Terciopelo Azul", la serie de "Twin Peaks" y la sobrecogedora "Eraserhead" que yo no considero "normal" a una persona si se dice fan de ella pero mi favorita es “Mulholland Drive”. 
Tuve oportunidad de ver esta película por primera vez a los 19 años en DVD después de que dio el "semanazo" en cartelera. Es una historia complicada, tenebrosa, dramática, sexy y hasta romántica ¿por qué no? Para quienes no la han visto, la historia se concentra en una chica canadiense llamada Betty (Naomi Watts) que aspira a ser una estrella de cine y se buscar la vida en Hollywood para cumplir su sueño. Lo que no espera es que encontrarse en su camino a la despampanante "Rita" (Laura Elena Harring) quien ha perdido la memoria en un accidente de automóvil en la carretera de Mulholland Drive e intenta recuperar su identidad…aunque la historia se tergiversa de manera tal que resulta difícil desenredarla, pero ahí está lo encantador del asunto. 
No trataré de explicarla, pero sí de describir este lugar tan característico. Mulholland Drive, llamada así en honor al ingeniero irlandés William Mulholland que contribuyó a su construcción, la ha llevado a ser parte del imaginario colectivo angelino que no sólo motivó a Lynch a filmar esta cinta, sino a R.E.M a escribir la canción “Electrolite” y a Tom Petty “Free Fallin”. De igual modo se han suscitado legendarios actos no tan plausibles como la supuesta violación de Samantha Gailey por Roman Polanski en la casa de Jack Nicholson, quien residía ahí por ese entonces. Un año antes de ver esta película tuve la oportunidad de viajar a Los Ángeles con algunos miembros de mi familia, ciudad que terminé detestando por el clima, la comida, mi mala salud y mis ideas megalofóbicas. Una noche, un tío que radica allá nos llevó de paseo por las colinas de Hollywood donde se encuentra el famoso letrero. Para llegar se debe atravesar la carretera de Mulholland Drive. El escritor y filosofo francés Jean Baudrilland en su libro “América” describió este lugar como el punto de la entrada de extraterrestres. Sin mayor exageración, es verdaderamente sombrío. Lynch supo como plasmar en la película el ambiente y la vibra que irradia. 
La carretera se divide en dos carriles, circula a los pies de las colinas de Santa Mónica, conecta con los dos tramos de la Autovía 101 que ofrece una vista de la ciudad, de Burbank, Universal City y el valle de San Fernando y cruza los boulevares Sepulveda, Beverly Glen y Coldwater Canyon Drive. La altura es considerable, sopla un viento frío y veloz y a medida que se va escalando la temperatura baja. En la parte máxima se perciben los destellos de las luces de los edificios. Mientras en la montaña se produce un contraste entre el silencio y la semioscuridad. 
Lo más temible es la poca luz proveniente de unos tenues postes que iluminan al elegante barrio y sus residencias de amplios jardines. Entre opulencia y elegancia causa desconcierto los pocos-por no decir que ninguno- transeúntes. En medio de ese lugar silencioso hay un túnel con un faro colgando dando la bienvenida hacia la parte superior de las colinas donde se encuentra el observatorio Griffith, con estatuas que rinden honores a Herschell, Newton y Einstein…y las letras de “Hollywood” en todo su esplendor en la parte inferior ¿Quién dijo que la ciencia y el “show business” no se llevaban?
Lynch, se aventuró a filmar esta historia después de ser rechazada como programa piloto de ABC. A pesar de sus orígenes en Montana, Estados Unidos, siempre ha tenido la perspectiva de que Los Ángeles es “la ciudad de las luces” y paradójicamente ha mostrado una imagen lúgubre a la ciudad productora de cine por antonomasia, así como en la sucesora “Inland Empire”. Hollywood se distingue por su glamour y, paradójicamente, existen sitios recónditos que ensombrecen su folclore. Lugares que esconden historias y encierran secretos y los tergiversan, como los sueños de Betty y todos nosotros en un lugar llamado Mulholland Drive. 
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